SARA Y JOSE

Sara y Jose reservaron el día 10 de octubre para celebrar con sus invitados el día de su boda. Desde el primer momento y tras las primeras reuniones con ellos, ya se veía que el día iba a estar cargado de sorpresas y emociones que no pasarían desapercibidos para ninguno de los invitados. La última reunión que tuvimos se hizo por teléfono, ya que, ellos estaban en Lanzarote y yo en Gran Canaria. El evento estaba calculado al milímetro, facilitándome mucho el trabajo desde ese momento. Desde que comenzó el día ya se veía perfectamente el minucioso trabajo que había detrás del evento. no faltaba detalle en ningún sitio. Todo estaba saliendo a la perfección, bueno, todo no… De repente comenzaron a caer algunas gotas de agua que hicieron poner algo nerviosa a la novia pero ella en ningún momento perdió ni la esperanza ni la sonrisa. Como es de esperar la lluvia no estuvo presente salvo en las primeras horas de la mañana, así que no había motivo para preocuparse. Los invitados, la iglesia, el caballo, el fotógrafo, los padrinos, el mercadillo, el Sol, las damas de honor, el buen vino, el sacerdote, y un sin fin de cosas mas estaban preparadas para recibir a los novios y culminar una ceremonia muy entrañable a vez que mena. El lugar de celebración fue unas villas situadas en el municipio de Haría. Hasta allí se trasladaron algunos en coche otros en guagua o autobús para los de “cai”.

Todo transcurrió de forma muy fluida. La bienvenida a los novios, la comida en su punto, una guitarra que sonaba como si fuera un cuarteto de cuerdas, la suelta de globos a media noche, cada bebida puesta con mucho cariño, etc. Hasta que llegó el momento en el que los novios ponen en marcha el plan que llevaban tanto tiempo trabajando. Un cortometraje que podría competir en cualquier festival de cine por su calidad técnica. No faltó invitado por reír, pues recogieron en unos veinte minutos las principales escenas de sus películas preferidas poniéndose ellos como protagonistas. 

A pesar de que los motores ya llevaban encendidos un buen rato, este fue el momento en que la celebración cogió el rumbo marcado por Jose y Sara. Me encanta escribir estas breves palabras sobre las bodas a las que voy a trabajar ya que me trasladan de nuevo a momentos que no son rutinarios, pues, cada boda, es muy diferente. En este caso fue un enorme placer trabajar para ellos puesto que la acogida fue genial desde el principio tanto por su parte como por la de sus invitados a los cuales agradezco de forma muy especial haberme hecho sentir uno mas desde el principio hasta el final. Y es que como dice la frase… “Uno sabe cuando empieza a trabajar pero no sabe cuando acaba”.